conectividad global

A estas alturas, uno de los factores más significativos a considerar en las dinámicas empresariales, institucionales y organizacionales actuales es la digitalización. Afecta a todos los sectores de actividad económica, crea nuevas relaciones, altera el paradigma tradicional, redefine el modelo de negocio de diferentes industrias y está convirtiéndose en la mayor fuente de crecimiento y de creación de oportunidades empresariales.

La digitalización, por tanto, mucho más allá de su propia definición en el diccionario, que la delimita como la “conversión de una señal analógica en una señal digital”. Una descripción más realista es la que define la transformación digital como las nuevas oportunidades de estrategia de negocios que surgen gracias a la aparición de las tecnologías.

La digitalización se ha convertido, pues, el eje transformador de las organizaciones y las empresas, pero también ha alterado las rutinas, aptitudes y comportamientos de las personas y las sociedades. Internet, como tecnología y como espacio de actividad, ha significado un cambio de época (LINK) sin precedentes, más importante que la invención del metal, el fuego o el carbón. Hoy, la tecnología es el motor que está incorporando cambios severos en los negocios y las organizaciones, no sólo en los procesos y las organizaciones, sino también en los patrones culturales de clientes y empleados.

Una imagen vale más que mil palabras. Las dos fotos anteriores son hechas en el Vaticano, en 2005 y 2013, respectivamente, e ilustran a la perfección cómo la tecnología ha irrumpido en todos los niveles. La primera, pocos años después del cambio de siglo y de milenio, muestra poca presencia de tecnología y de aparatos digitales durante un hecho tan mediático como es la elección del Papa.

En cambio, la segunda imagen evidencia la incursión de la tecnología en nuestras vidas de forma rotunda y casi completa. Es innegable la evolución de los aparatos que se utilizaron para inmortalizar la primera aparición pública del Francisco respecto la de su predecesor tan sólo 8 años antes: iPads, smartphones … Cabe decir que Benedicto XVI fue el primer Papa en tener Twitter de toda la historia y utilizaba la tecnología digital, pero el Francisco fue elegido en un momento en que la transformación digital ya se había instalado definitivamente.

A modo de ejemplo, una de sus primeras actividades de Bergoglio justo después de ser nombrado fue enviar un tuit. Hoy, acumula más de 38.000.000 de seguidores entre sus 9 cuentas de Twitter y más de 5 millones de seguidores en Instagram. En contraste, cuando el antecesor de Francisco y Benedicto XVI, Juan Pablo II, fue elegido en 1978, aparte de algunas cámaras de fotos, lo más tecnológico eran los prismáticos.

A partir del año 2005, pues, la población accede de forma masiva en la red, y no sólo para mirar lo que publican las empresas, sino ya como protagonistas capaces de decir la suya. Por tanto, en este periodo de tiempo, durante los primeros compases del nuevo milenio, no sólo han aparecido muchas nuevas herramientas tecnológicas, sino que estos nuevos aparatos han transformado la psicología y la conducta de las personas. Así pues, el hecho digital está modificando profundamente la sociedad y, en consecuencia, el tejido empresarial a un ritmo trepidante y de una manera integral.

Hoy ya no se habla sólo de empresas tecnológicas, sino de empresas que utilizan la tecnología. Se trata de un contexto que obliga a las empresas a repensar todo tipo de procesos. El despliegue de una tecnología disruptiva suele modificar los negocios y las sociedades, pero nunca había sido tan determinante como ahora.

conectividad global

Aleix Valls, en una entrevista que le hice cuando aún era el Director General de la Mobile World Capital, aseguraba que “la conectividad -no el dispositivo, sino el concepto de la connectivitat- está generando un nuevo elemento básico y fundamental de la economía y la sociedad “. El concepto, añadía, se deja de centrarse únicamente en los dispositivo y se convierte en un elemento fundamental para desarrollar nuevos negocios, optimizar la producción o generar nuevos modelos sociales y relacionales. Un elemento vertebrador de las cadenas de valor que representa un cambio de paradigma.

Cada vez estamos conectados desde más puntos de vista: las personas, las empresas, las organizaciones, las viviendas, los coches, los sensores, la banca, la identidad, la seguridad … A diario aparecen novedades tecnológicas y se incorporan más y más personas y dispositivos en el inmenso flujo de datos e interacciones que configuran la actual Internet. Y esto no ha hecho más que empezar. Ahora ya no sólo se habla de dispositivos -que también- sino que destacan temas como la inteligencia artificial, el internet de las cosas, la realidad virtual …

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